jueves, 15 de septiembre de 2016

lunes, 12 de septiembre de 2016

TRAVIS BANTON I

Travis Banton contribuyó también en la creación del mito Dietrich. El diseñador de vestuario trabajó con Sternberg y Marlene en las películas que la inmortalizaron en los primeros años 30.
Travis Banton nació en Waco (Texas), aunque su familia se trasladó a Nueva York cuando él era un niño. Banton estudió arte y diseño en la Universidad de Columbia. Comenzó a diseñar para la alta sociedad y saltó a la fama cuando la actriz Mary Pickford eligió uno de sus modelos para el día de su boda con Douglas Fairbanks. El diseñador también fue el responsable del vestuario de algunos espectáculos de Ziegfeld  y en 1924 se trasladó a Hollywood donde comenzó su colaboración con la Paramount Pictures. En esos años Hollywood cuidaba al máximo el vestuario de sus estrellas, dentro y fuera de los platos. Hasta los extras de las películas lucían perfectos. Se usaban telas suntuosas, rebuscados adornos, pieles, lentejuelas, muselinas o piedras semipreciosas, y se invertía mucho dinero en el vestuario de los filmes. Apenas empleaban estampados y los cortes eran muy sencillos para ajustarse y subrayar la figura de las estrellas con escotes, drapeados, aberturas y transparencias.
En los años veinte Travis Banton fue el encargado de vestir a Norma Talmadge, la primera actriz que grabó sus huellas en el Paseo de la Fama, Clara Bow y Pola Negri. Cecil B. de Mille lo contrató para una versión sonora de Cleopatra protagonizada por Claudette Colbert. El diseñador creará un vestuario de telas exquisitos repleto de piedras, cuernos, águilas y plumas para la actriz. Vestirá también a Kay Francis, Lillian Tashman, Carole Lombard, Anna May Wong, Mae West, Betty Gable, Merle Oberon, Alicia Faye, Joan Fontaine  y Marlene Dietrich. A todas resaltó con sus creaciones llenas de suntuosidad, encanto y elegancia. El vestuario de Banton las hacía resplandecer y lucir como lo que debían ser: estrellas inalcanzables del firmamento de Hollywood, semidiosas de una
sociedad pagana. Además, los diseñadores sabían que una de sus creaciones en la pantalla se convertía en un modelo a imitar y era más efectivo que cualquier otra publicidad.
Una de sus actrices favoritas, por supuesto, fue Marlene Dietrich. Ella decía "Me visto para la imagen. No me visto para mi, ni para el público, ni por seguir la moda, ni por los hombres. ¿Qué es la imagen? Un cúmulo de todos los papeles que he representado". Banton creo para ella tocados imposibles, sombreros, camisones de numerosas capas, plumas, perlas, marabú, trajes sastre y sombreros de copa, incluso la disfrazó de gorila en La Venus rubia. Eran legendarias las sesiones de vestuario con Marlene, podía estar horas probando un vestido, ordenando cambios, supervisando el cosido y recosido de lentejuelas, plumas o apliques, así conseguía esa imagen arrebatadora de la Dietrich. Banton, como otros diseñadores de Hollywood perfeccionó un estilo original, favorecedor y muy fotogénico.
Travis Banton y von Sternberg fueron quienes crearon mi imagen cinematográfica; yo sólo tuve que dejarme adular, como la niña mimada que era" afirma Marlene en sus memorias. "Muchos pretenden haber diseñado mis vestidos a partir de El ángel azul. No es verdad. Sólo Travis Banton materializó las ideas de Sternberg y permaneció a mi lado hasta su última película", afirmaba Marlene. Ella y Banton mantuvieron una amistad que sólo rompió la muerte del diseñador.
Tras dejar Paramount colaboró con 20th Century Fox y posteriormente con Universal Studios. Trabajó para más de doscientas producciones en Hollywood.

Creaciones de Travis Banton:

Anna May Wong, estilizada y misteriosa


Claudette Colbert, una Cleopatra radiante






 Carole Lombard, siempre elegante


viernes, 9 de septiembre de 2016

SIEMPRE ELLA

El glamour concentrado en un deshabillé trufado de piel cibelina o en un impoluto frack blanco coronado por una chistera...La mujer más estilosa vestida de mujer u hombre o  viceversa, pero siempre ella.


Deseo


























La venus rubia

miércoles, 7 de septiembre de 2016

ICONO DE MUJER

Icono de estilo, abanderada de modas...La mujer del siglo XX le debe mucho a Dietrich. Marlene se adelantó a épocas, proclamó su libertad en todos los aspectos y liberó a la mujer de corses varios y no solo de aquellos que ceñían la silueta.
Marlene Dietrich fue una mujer que literalmente hizo de su vida lo que le dio absolutamente la gana. Sus vestidos, sus atuendos femeninos y masculinos y sus empolvados abrigos de plumas no solo arropaban el misterio y la silueta de una estrella de Hollywood sino que simbolizaban la mujer que se ponía el mundo de chistera y actuaba según su instinto le marcaba. Liberó a la mujer, en el mas amplio sentido de la expresión, embutiéndose en un frack y mirando a su público de soslayo. En el amor, en el sexo, en la acutación, en su forma de vivir, mostró su liberal visión de mujer adelantada a su tiempo. ¿Quién podría escapar a conocer a una actriz, y sobre todo mujer libérrima, que vivía su vida como ella quería? Pocos escaparon a su turbulento magnetismo y a su especialísima forma de vivir; hombres y mujeres, lo más dorado y excelso del siglo XX, pasaron a formar parte de la legión de admiradores y amantes de una mujer radical y abrumadora. La atracción que ejerció sobre el resto de los mortales es la atracción que sigue ejerciendo casi tres décadas después de su muerte este icono de estilo, este icono de mujer.


lunes, 5 de septiembre de 2016

ESTILO DIETRICH

El idilio de Marlene Dietrich y el mundo de la moda ha sido constante. La actriz alemana afincada en América que llenó las pantallas a lo largo del siglo XX fue una adelantada a su tiempo en muchos aspectos y en el mundo de la moda, sin duda, una abanderada de los nuevos tiempos y del estilo más sofisticado.
Marlene fue la primera, cara a la galería, que se puso literalmente pantalones y adoptó el traje masculino y la chistera. En sus películas no dudaba en mostrar este atuendo ambiguamente para ser aún más atrayente. Quién no recuerda su chistera negra en El ángel azul o Marruecos, ataviada esta vez con un frack impoluto negro que luego recuperaría Saint Laurent en los setenta. Hablar de Marlene en la década de los treinta y cuarenta es hablar de vestidos vaporosos, sedas, plumas, tocados imposibles, lentejuelas y velos al viento...todo un festival de vestimentas cada cual más barroca y sofisticada. En los cincuenta los diseñadores del momento la buscan y la visten como perfecto maniquí de sus creaciones: Balenciaga, Chanel y sobre todo Dior la aderezan con trajes de chaqueta y líneas rectas los dos primeros y abullonados vestidos y trasparencias el tercero. Era la actriz, mujer perfecta para lucir las grandes creaciones de los modistos de la época. En sus actuaciones en vivo ya en los sesenta y setenta se embutió preciosos vestidos de pedrería que acariciaban sus formas y algodonosos abrigos blancos que la convertían en fastuoso cisne real, todo obra del modisto Jean Louis. La moda sigue nutriéndose del poliédrico estilo Dietrich, El siglo XX se cierra y se abre el XXI con una constante vuelta a ella. Rara es la temporada en pasarelas internacionales que no veamos un tailleur inspirado en Marlene, un traje pantalón o tocados, velos y sombreros de ascendencia marleniana. La alargada sombra de Marlene Dietrich se extiende  a lo largo de décadas, estilos y modas.

ESTILO DIETRICH:









miércoles, 31 de agosto de 2016

EL EXPRESO DE SHANGHAI IX






Breve biografía de Anna May Wong (extraída de Wikipedia):

Nieta de inmigrantes chinos, hija  de una humilde familia que regentaba  una lavandería en Los Ángeles, fue llamada Anna May Wong desde pequeña por sus padres para que se adaptase mejor al país en el que vivían. Su nombre de nacimiento era Liu Tsong (chino: 黃柳霜; pinyin: Huáng Liǔshuāng). En contra del deseo de sus padres, Anna May se convirtió pronto en una gran cinéfila y decidió actuar en las películas que se rodaban muy cerca de su casa.
Su primera aparición fue como extra en The Red Lantern, en 1919, de Alla Nazimovaa, rodada en el barrio chino donde Anna May había nacido. Siempre con el estricto cuidado de su padre, que ordenaba que estuviera encerrada sola en una habitación entre escenas si ella era la única asiática en el rodaje. Anna May, con un aspecto adulto a pesar de ser una adolescente, siguió rodando como secundaria en películas como Dinty o Bits of Life, de 1920 y 1921.
También protagonizó la primera película en Technicolor de la historia, The Toll of the Sea, en la que Anna May consiguió su primer papel protagonista, lo que sería una novedad en la historia del cine : fue la primera actriz asiática en conseguirlo, ya que hasta entonces eran actrices caucasianas las que, convenientemente maquilladas, hacían papeles protagonistas de asiáticas.
Fue un éxito, pero su carácter racial hizo que durante el resto de su carrera fuera siempre relegada a pequeños papeles secundarios, muchos de ellos sin acreditar.
La primera etapa de su carrera cinematográfica concluyó con Impact, en 1949, sólo sucedida por algunos pocos papeles menores. En 1951 probó suerte con la televisión, en la que continuó apareciendo durante toda la década de 1950. Sus últimas películas, Portrait in Black y The Savage Innocents, ambas rodadas en 1959 y 1960, cuando Anna May ya estaba afectada por la cirrosis y el alcoholismo, no tuvieron éxito.
Se la consideró como una de las mujeres mejor vestidas, y fue famosa por su belleza y por tener, para muchos críticos, las manos más bonitas de la pantalla.
Nunca se casó; quizás porque la ley no permitía a los asiáticos los matrimonios mixtos, ya que se la relacionó con el director Marshall Neilan.
En 1961, Anna May Wong murió a causa de un ataque al corazón, con apenas cincuenta y seis años.

El tándem Dietrich-Wong funcionó a la perfección en pantalla. Anna era la silenciosa acompañante que con sus miradas aleccionaba a su etérea y evanescente amiga. El contraste de la ampulosidad rabiosamente atrayente de Shanghay Lily y la frialdad estática envuelta en humo de cigarrillos de Hui Fei (Anna May en la película) da como resultado una pareja realmente enigmática, atrayente y casi perturbadora.

martes, 30 de agosto de 2016

EL EXPRESO DE SHANGHAI VIII

La exótica Anna May Wong (Hui Fei en la película), silente y fumadora, da la réplica a Shanghai, a partir de entonces Marlene y Anna fueron grandes amigas.


Shanghai Lily y Hui Fei


Hui Fei, eterna fumadora

domingo, 28 de agosto de 2016

EL EXPRESO DE SHANGHAI VII

El vestuario de la película juega con la evanescencia, el misterio y el enigma...Shanghai se viste en los momentos álgidos de la película con un ligero deshabillé cuajado de plumas de gallo salvaje en el cuello; con este vaporoso no vestido se pasea por el pasillo expresionista del tren en la noche asiática...Shanghai se reencuentra con su hombre y la estela de la gasa negra envuelve los silenciosos minutos. En otros momentos Shanghai se toca con sombrero militar o con un tocado de plumas y velo nebuloso, ella es casi una aparición y como tal se debe mostrar. Cuando más cobra protagonismo y lleva las riendas de la historia se despoja de sombreros y abalorios y con un sencillo vestido solo decorado con un gran lazo resuelve el entramado del nudo militar y de la pasión (ya lejanamente) amorosa.


Shanghai con su ligero deshabillé


Un tenue velo cubre su enigmático rostro


Shanghai Lily, todo glamour


Una mirada de soslayo

martes, 9 de agosto de 2016

EL EXPRESO DE SHANGHAI V

La película tuvo gran éxito e inauguró el subgénero de las películas cuya trama se desarrolla en un tren. Junto a Marlene destacan las actuaciones de Clive Brook y sobre todo, de la enigmática Anna May Wong.


Marlene y Anna May Wong

domingo, 7 de agosto de 2016

EL EXPRESO DE SHANGHAI IV

La película respira el estilo de Sternberg, su artificiosidad a la hora de mostrar con la cámara y su deseo de enaltecer a la estrella que había descubierto. El barroquismo del director fue su seña de identidad sobre todo por el juego de luces y sombras que recordaba el contraste de los cuadros del Barroco: la luz se dirigía a un punto que refulgía rodeado de sombras que daban ese aspecto de esfumato leonardesco. Sin duda Sternberg fue un maestro en las artes plásticas y no solo un simple director cinematográfico que descubrió a una actriz. Su mérito de iluminador, moldeador de la escena y retocador de formas y sombras lo igualan a cualquier artista plástico de por ejemplo el Renacimiento italiano o del Barroco español o alemán. El azar, que ha menudo se da en la historia del arte, hizo que el artista encontrara fortuitamente su materia sobre la que esculpir, desdibujar y plasmar todo su arte. Marlene fue en manos del artista la materia de trabajo sobre la que creó la más bella e ilusoria obra plástica del arte de la imagen del siglo XX.


viernes, 5 de agosto de 2016

EL EXPRESO DE SHANGHAI III

La película respira ese aire de clasicismo de película de época. La atmósfera creada por el director en el expreso es de una plasticidad encomiable. Todo respira auténtico cine, cine soñado. Los personajes se entrecruzan en los sombríos pasillos solo interrumpidos por el bufar de la máquina del tren, en un ambiente casi gótico y extremo. Marlene da la medida de lo que se esperaba de ella y cualquier otra actriz hubiera desentonado en tal escenario. Shanghai se desliza con sus ropas de noche, mesándose el cabello mientras piensa y reflexiona. Los silencios son tan elocuentes como nunca. La luz y las sombras perfilan momentos y situaciones y todo es de una natural extravagancia onírica.

video

jueves, 4 de agosto de 2016

EL EXPRESO DE SHANGHAI II

La película es un clásico del primer blanco y negro sonoro; la atmósfera creada en el tren asiático es de un decadentismo que roza el expresionismo. Sternberg jugó con la cámara y las luces bañando la imagen de una suerte de sortilegio de claroscuros. Nunca Marlene se vio tan etéreamente misteriosa, tan artificialmente retratada.
Esta película es sonora pero bien podría haber sido muda en su concepción; las imágenes hablan por sí solas, subrayadas a veces por frases hiperbólicas, ironías de romanticismo despechado o declaraciones de amores recobrados en el tiempo. Es sobre todo imagen, rostro, penumbra, luz y sombra que enmarca sensaciones, sentimientos y veladas ilusiones. Marlene está presente en todo el filme en presencia y ausencia. Su paseos silenciosos en el pasillo del viejo expreso anuncian desesperación y melancolía y sobre todo, paran el reloj del tiempo para sumergirnos en un tiempo soñado, evanescente, solo posible en el mundo del celuloide. En ese momento aparece el aura de Dietrich, cuando casi levitando atraviesa vagones con las plumas de un gallo salvaje, cuando mirando hacia el infinito reza, llora en silencio, con la mirada de las vírgenes más crepusculares. Su imagen a menudo mortecina, de una atrayente frialdad, da los mejores momentos de una película que es eternamente Dietrich.

miércoles, 3 de agosto de 2016

EL EXPRESO DE SHANGHAI I

Posiblemente sea una de las películas en las que Sternberg más a gusto se encuentre trasladando sus juegos de luces y sombras a la pantalla y, especialmente, sobre la silueta y el rostro de su musa, encontrando en los compartimentos del tren el escenario soñado para volcar todo su universo de penumbras, claroscuros, tenues reflejos, resplandores controlados, fogonazos y relámpagos. El argumento de la película resulta accesorio, mero pretexto para la puesta en práctica de los deseos visuales del director: un tren cargado de personajes de lo más variopinto hace la ruta entre Pekín y Shanghai; en él viaja una mujer enigmática de controvertido pasado conocida como Shanghai Lily y también su antiguo amante, un oficial del ejército británico (Clive Brook); el asalto de un grupo de guerrilleros revela a uno de los pasajeros como su encubierto cabecilla y máximo responsable de la encerrona y del secuestro del pasaje. Shanghai Lily habrá de sacrificarse para salvar la vida del hombre al que acaba de descubrir que sigue amando.
La atmósfera con la que Sternberg logra impregnar cada fotograma es tan personal y decadente que resulta enigmática: la China que recrea es un país falso, irreal, una China ideal, soñada, convertida en mágico y tópico escenario de una aventura romántica. Recreada íntegramente en estudio, la ruta del tren se inicia con unas tomas inolvidables situadas en las estrechas calles de la atestada capital china, repletas de transeúntes, vendedores ambulantes, militares, niños, animales, farolillos, carteles, tiendas, tenderetes, grupos de personas que van y vienen o esperan; la gran locomotora blanca circula lentamente, obligando a quienes ocupan la vía a retirarse y vomitando su columna de humo sobre los ventanucos y la ropa tendida de lado a lado de la callejuela.
Pero, por encima de todo, en esta aventura romántica de pasión, intriga y sacrificio, destaca la creación de tipos humanos. No especialmente el personaje de Brook, reducido a mero arquetipo frío del académico y flemático militar británico, cuya máxima expresión de cierta calidez humana se reduce al empleo esporádico de la ironía como instrumento de observación de la realidad, sino el de las mujeres con más protagonismo en el metraje: la belleza perturbadora de Anna May Wong, que compone un personaje sibilino, astuto, conocedor de las respectivas artes de embaucamiento, dominación y control de los mundos oriental y occidental a caballo de los cuales no deja de buscar su propia prosperidad y, obviamente, la propia Shanghai Lily, que es el objeto fetichista sobre el que Sternberg vuelca toda su imaginería visual. A través de esta aventurera solitaria en cuyo pasado se adivina quizá la prostitución, una carrera en el cabaret o el teatro de variedades y una eterna lucha por salir adelante a costa de cualquier sacrificio y de la explotación de sus poderosas armas, el director consigue plasmar toda una serie de efectos en inolvidables tomas que convierten el rostro de Dietrich en el lienzo de una pintura de blancos, negros y grises, en una pantalla sobre la que proyecta su película mental: sombras, velos, transparencias, humos, niebla, sonrisas, lágrimas, tensión, emoción, amor, indiferencia, desdén, odio, desprecio… Pocas veces una cámara ha estado más enamorada de una actriz que en las bellas imágenes de Marlene vista a través del vidrio de una puerta, asomada a la ventana del tren, o entre las sombras al acecho del hombre que desea.
La película se erige así en la más brillante expresión de la sinergia entre Von Sternberg y Dietrich, una pareja con una curiosa relación artística de obsesiones y dependencias mutuas que produjo una química inigualable entre ambos que se mantuvo durante sus siete películas. El recuerdo de la carrera de Sternberg queda ineludiblemente unido al rostro de una mujer de hielo que comprende el sacrificio que ha de hacer por el hombre que ama y que le exige pagar un precio inasumible: el riesgo de que él deje de amarla.


lunes, 25 de julio de 2016

EL AURA

El aura se tiene o no se tiene, ese halo indescriptible que convierte a quien lo tiene en centro de miradas, en único argumento de todo sueño. Marlene gozó de un aura evanescente y siempre rotundo que irradiaba a su paso. Era como un ángel etéreo que se dejaba caer en sus películas, engalanándolo todo y dotando al filme de supremacía y misticismo. Era un don y ella era la elegida.