martes, 9 de agosto de 2016

EL EXPRESO DE SHANGHAI V

La película tuvo gran éxito e inauguró el subgénero de las películas cuya trama se desarrolla en un tren. Junto a Marlene destacan las actuaciones de Clive Brook y sobre todo, de la enigmática Anna May Wong.


Marlene y Anna May Wong

domingo, 7 de agosto de 2016

EL EXPRESO DE SHANGHAI IV

La película respira el estilo de Sternberg, su artificiosidad a la hora de mostrar con la cámara y su deseo de enaltecer a la estrella que había descubierto. El barroquismo del director fue su seña de identidad sobre todo por el juego de luces y sombras que recordaba el contraste de los cuadros del Barroco: la luz se dirigía a un punto que refulgía rodeado de sombras que daban ese aspecto de esfumato leonardesco. Sin duda Sternberg fue un maestro en las artes plásticas y no solo un simple director cinematográfico que descubrió a una actriz. Su mérito de iluminador, moldeador de la escena y retocador de formas y sombras lo igualan a cualquier artista plástico de por ejemplo el Renacimiento italiano o del Barroco español o alemán. El azar, que ha menudo se da en la historia del arte, hizo que el artista encontrara fortuitamente su materia sobre la que esculpir, desdibujar y plasmar todo su arte. Marlene fue en manos del artista la materia de trabajo sobre la que creó la más bella e ilusoria obra plástica del arte de la imagen del siglo XX.


viernes, 5 de agosto de 2016

EL EXPRESO DE SHANGHAI III

La película respira ese aire de clasicismo de película de época. La atmósfera creada por el director en el expreso es de una plasticidad encomiable. Todo respira auténtico cine, cine soñado. Los personajes se entrecruzan en los sombríos pasillos solo interrumpidos por el bufar de la máquina del tren, en un ambiente casi gótico y extremo. Marlene da la medida de lo que se esperaba de ella y cualquier otra actriz hubiera desentonado en tal escenario. Shanghai se desliza con sus ropas de noche, mesándose el cabello mientras piensa y reflexiona. Los silencios son tan elocuentes como nunca. La luz y las sombras perfilan momentos y situaciones y todo es de una natural extravagancia onírica.

video

jueves, 4 de agosto de 2016

EL EXPRESO DE SHANGHAI II

La película es un clásico del primer blanco y negro sonoro; la atmósfera creada en el tren asiático es de un decadentismo que roza el expresionismo. Sternberg jugó con la cámara y las luces bañando la imagen de una suerte de sortilegio de claroscuros. Nunca Marlene se vio tan etéreamente misteriosa, tan artificialmente retratada.
Esta película es sonora pero bien podría haber sido muda en su concepción; las imágenes hablan por sí solas, subrayadas a veces por frases hiperbólicas, ironías de romanticismo despechado o declaraciones de amores recobrados en el tiempo. Es sobre todo imagen, rostro, penumbra, luz y sombra que enmarca sensaciones, sentimientos y veladas ilusiones. Marlene está presente en todo el filme en presencia y ausencia. Su paseos silenciosos en el pasillo del viejo expreso anuncian desesperación y melancolía y sobre todo, paran el reloj del tiempo para sumergirnos en un tiempo soñado, evanescente, solo posible en el mundo del celuloide. En ese momento aparece el aura de Dietrich, cuando casi levitando atraviesa vagones con las plumas de un gallo salvaje, cuando mirando hacia el infinito reza, llora en silencio, con la mirada de las vírgenes más crepusculares. Su imagen a menudo mortecina, de una atrayente frialdad, da los mejores momentos de una película que es eternamente Dietrich.

miércoles, 3 de agosto de 2016

EL EXPRESO DE SHANGHAI I

Posiblemente sea una de las películas en las que Sternberg más a gusto se encuentre trasladando sus juegos de luces y sombras a la pantalla y, especialmente, sobre la silueta y el rostro de su musa, encontrando en los compartimentos del tren el escenario soñado para volcar todo su universo de penumbras, claroscuros, tenues reflejos, resplandores controlados, fogonazos y relámpagos. El argumento de la película resulta accesorio, mero pretexto para la puesta en práctica de los deseos visuales del director: un tren cargado de personajes de lo más variopinto hace la ruta entre Pekín y Shanghai; en él viaja una mujer enigmática de controvertido pasado conocida como Shanghai Lily y también su antiguo amante, un oficial del ejército británico (Clive Brook); el asalto de un grupo de guerrilleros revela a uno de los pasajeros como su encubierto cabecilla y máximo responsable de la encerrona y del secuestro del pasaje. Shanghai Lily habrá de sacrificarse para salvar la vida del hombre al que acaba de descubrir que sigue amando.
La atmósfera con la que Sternberg logra impregnar cada fotograma es tan personal y decadente que resulta enigmática: la China que recrea es un país falso, irreal, una China ideal, soñada, convertida en mágico y tópico escenario de una aventura romántica. Recreada íntegramente en estudio, la ruta del tren se inicia con unas tomas inolvidables situadas en las estrechas calles de la atestada capital china, repletas de transeúntes, vendedores ambulantes, militares, niños, animales, farolillos, carteles, tiendas, tenderetes, grupos de personas que van y vienen o esperan; la gran locomotora blanca circula lentamente, obligando a quienes ocupan la vía a retirarse y vomitando su columna de humo sobre los ventanucos y la ropa tendida de lado a lado de la callejuela.
Pero, por encima de todo, en esta aventura romántica de pasión, intriga y sacrificio, destaca la creación de tipos humanos. No especialmente el personaje de Brook, reducido a mero arquetipo frío del académico y flemático militar británico, cuya máxima expresión de cierta calidez humana se reduce al empleo esporádico de la ironía como instrumento de observación de la realidad, sino el de las mujeres con más protagonismo en el metraje: la belleza perturbadora de Anna May Wong, que compone un personaje sibilino, astuto, conocedor de las respectivas artes de embaucamiento, dominación y control de los mundos oriental y occidental a caballo de los cuales no deja de buscar su propia prosperidad y, obviamente, la propia Shanghai Lily, que es el objeto fetichista sobre el que Sternberg vuelca toda su imaginería visual. A través de esta aventurera solitaria en cuyo pasado se adivina quizá la prostitución, una carrera en el cabaret o el teatro de variedades y una eterna lucha por salir adelante a costa de cualquier sacrificio y de la explotación de sus poderosas armas, el director consigue plasmar toda una serie de efectos en inolvidables tomas que convierten el rostro de Dietrich en el lienzo de una pintura de blancos, negros y grises, en una pantalla sobre la que proyecta su película mental: sombras, velos, transparencias, humos, niebla, sonrisas, lágrimas, tensión, emoción, amor, indiferencia, desdén, odio, desprecio… Pocas veces una cámara ha estado más enamorada de una actriz que en las bellas imágenes de Marlene vista a través del vidrio de una puerta, asomada a la ventana del tren, o entre las sombras al acecho del hombre que desea.
La película se erige así en la más brillante expresión de la sinergia entre Von Sternberg y Dietrich, una pareja con una curiosa relación artística de obsesiones y dependencias mutuas que produjo una química inigualable entre ambos que se mantuvo durante sus siete películas. El recuerdo de la carrera de Sternberg queda ineludiblemente unido al rostro de una mujer de hielo que comprende el sacrificio que ha de hacer por el hombre que ama y que le exige pagar un precio inasumible: el riesgo de que él deje de amarla.


lunes, 25 de julio de 2016

EL AURA

El aura se tiene o no se tiene, ese halo indescriptible que convierte a quien lo tiene en centro de miradas, en único argumento de todo sueño. Marlene gozó de un aura evanescente y siempre rotundo que irradiaba a su paso. Era como un ángel etéreo que se dejaba caer en sus películas, engalanándolo todo y dotando al filme de supremacía y misticismo. Era un don y ella era la elegida.



miércoles, 13 de julio de 2016

LA PRESENCIA DE DIETRICH

La presencia de Dietrich en sus películas era la marca que anulaba cualquier otra cosa que la rodeara. Era una película Dietrich y no cualquier otra cosa. Cuando estaba en pantalla inundaba y anulaba todo cuanto estuviera a su alrededor; cuando no lo estaba, su espíritu, su marca sobrevolaba la película y hacía incluso a veces olvidar qué estaba ocurriendo en esos momentos. Todo apuntaba a su persona, su aura bañaba los rincones del filme y lo demás no importaba. Era una presencia tan categórica y permanente que no necesitaba estar en escena para que se notara su efecto.
Sus películas comenzaban a menudo demorando su aparición porque los espectadores ansiaban verla entrar o aparecer y dicho deseo se potenciaba con el tiempo; cuando lo hacía, era de una forma apoteósica, sus piernas solían ser su carta de presentación, un guiño al espectador que sabía que le pertenecían y que pasados unos segundos se encontraría con su cara, con su gesto, con su caída de ojos y su rictus fatal. A partir de ese momento, la película le pertenecía, todo giraba en torno a ella, todo: cuando aparecía en escena, llenaba la pantalla; cuando estaba ausente, todo recordaba su presencia. Era un ángel sin duda, azul o no, que sentías presente y que se hacía notar de una forma u otra. Pocas actrices, y ningún actor quizá, tuvieron esa cualidad misteriosa, de "sentirse" en sus películas, tanto cuando aparecían como cuando no estaban. Marlene era una presencia rotunda, imponente pero también evanescente, etérea, evocadora cuando su imagen no aparecía en pantalla: el espectador la sentía de tal forma que, como una diosa griega, sobrevolaba la escena y la situación. Marlene no era tan solo actriz, mujer, era idea que transmutaba escenarios, inundaba atmósferas y dejaba ese raro velo de su presencia a su paso.


miércoles, 6 de julio de 2016

DIVINA LUZ Y DIVINA SOMBRA

La luz y la ausencia de ella hizo que surgiera el prodigio Dietrich. Von Sternberg pasa por ser el descubridor de la mujer pero también por ser aquel que enfocó a Dietrich con tal maestría que sin duda la convirtió en imagen arrebatadoramente subyugante. Solo fueron movimientos de cámara, enfoques y atenuaciones de luces y sombras. Divina luz y divina sombra. La conjunción de estas realidades físicas dio los más bellos encuadres, las mas atrayentes imágenes, los más sugerentes planos, nunca antes se había retratado un rostro con tal intensidad y en encuadres a menudo imposibles, verdaderos escorzos con la cámara que dieron en pantalla ese prodigio llamado Dietrich.

lunes, 4 de julio de 2016

VERANO DE GLAMOUR

El verano, aquí en España, es época de retomar películas con glamour. Abandonarse a disfrutar de un viejo título en la tranquilidad de las horas más soleadas es delicatessen para los más arriesgados sibaritas. Buena época para volver a ver o simplemente descubrir alguna de las películas que Dietrich hizo con Sternberg. La conjunción de los días calurosos del verano más tórrido y los barroquismos en blanco y negro del dúo Dietrich-Sternberg puede ser una experiencia de un onirismo casi expresionista. Prueben y vean, hay para elegir, desde surcar las vías de Asía en un camarote atestado de personajes improbables, además de por una diosa de luz y sombra, hasta patearnos la Sevilla más rocambolesca (y lluviosa, por cierto) de la mano de una cigarrera ataviada con todos los vestidos del paraíso. ¿Qué mejor verano que acompañarnos de Dietrich? Prueben, comprueben y comenten.


Atrévanse en verano

martes, 28 de junio de 2016

NACE EL MITO

Marlene siempre afirmó que ella era creación de Josef von Sternberg y que sin su mano maestra no hubiera existido el personaje Dietrich. Por el contrario, el director, contrariando esta rotunda afirmación, dijo que Dietrich no hubiera sido lo que fue si no hubiera habido una materia prima preexistente. "Yo no le di a ella, algo que ella no tuviera ya" afirma en sus memorias el cineasta vienés. Tanto ella como él tienen razón en sus justos términos. Marlene fue pronto Dietrich en todo el mundo, creación de un maestro de la transformación, que brindó a su obra aquellas películas que mejor la mostraban. Marlene era, sin duda, Dietrich sin pulir en su fuero interno antes de la llegada de Sternberg; el mago de la luz y del barroquismo extremo enfatizó los atributos que naturalmente luchaban por ver la luz, El oropel del vestuario, la cámara, las luces y las sombras bien dispuestas hicieron el resto. El físico, algo rollizo, de los 20 devenía en lineas puras, perpendiculares que contrastaban por el efecto de la divina luz. La Marlene, carnosa, displicente, pícara y rotunda de El ángel azul, se convertía poco a poco en la Dietrich angulosa, etérea, elegante y casi inmortal en las películas que el artista Sternberg diseñó en los 30 para ella. Había nacido el mito.


lunes, 20 de junio de 2016

LA CREACIÓN DEL MITO

7 películas, 7 talismanes, 7 obras de arte realizó Marlene Dietrich con Josef von Sternberg. El ángel azul,  Marruecos, Fatalidad, El expreso de Shanghai, Capricho imperial, La venus rubia, El diablo es mujer. La década de los treinta, el cine americano y sobre todo, la consagración de una actriz y la creación del mito no pueden concebirse sin este ramillete de películas.


viernes, 17 de junio de 2016

EL DIRECTOR Y SU OBRA MAESTRA

Inventarse a una actriz y salir triunfante no es posible si no se es un genio, semidiós en la tierra de los sueños. Josef von Sternberg inventó a una actriz, o mejor dicho una idea hecha carne y oropel, su obra maestra fue moldear como un dios en un día de ocio y asueto a una mujer que miraba a cámara como nadie nunca lo hizo ni lo hará. Marie Magdalene von Losch se convirtió de la noche a la mañana en Marlene Dietrich, por obra y magia de un austriaco decadente, arriesgado y artista de la transformación. Las luces y las sombras de las que rodeó a su celestial creación fueron el decorado que enaltecía a su magna obra; el oropel de los vestidos con que la vistió fue el envoltorio, apabullante y barroquísimo, que recubría  a la mujer que siempre amó y (casi) nunca le correspondió. Sternberg la creó, o mejor dicho, desveló entre luces y sombras el prodigio de la mujer hecha esencia. Según él nunca creó a nadie nuevo sino que sacó a la luz, y nunca mejor dicho, todo aquello que ya resplandecía en un cuerpo rechoncho y prusiano.


Capricho imperial 

jueves, 16 de junio de 2016

LIBERTAD Y VIDA PÚBLICA

La libertad como lema y como bandera de una existencia sometida a la percepción de espectadores de todo el mundo. ¿Se puede ser libre, independiente, a la vez que tener una carrera a la vista de millones de personas, ser admirada, estudiada sin posibilidad, a menudo, de esconderse de las miradas inquisitoriales y críticas? Sí, ella fue capaz de llevar una vida pública, profesionalmente hablando, y una libérrima vida privada.