lunes, 1 de mayo de 2017

MARLENE DIETRICH POR SU HIJA MARIA RIVA II

Maria carga contra su famosa madre en una especie de velada venganza para sentirse a gusto con los fantasmas de toda una vida de haberse sentido desplazada y sin el amor de una madre. El libro recorre de una forma más o menos fiel décadas, trabajos y amantes, lo que lo convierte en un retrato de primera mano de toda una carrera trufada de éxitos, devaneos y aventuras varias, en este sentido es tan necesario el libro como quizá desafortunado el deseo de rendir cuentas con una madre. Maria declara abiertamente que si bien admiró la técnica de la actriz, el embrujo de su presencia y la prusiana entrega a su trabajo, no le guarda buen recuerdo de su papel como madre y mujer; se sintió abandonada en su infancia y adolescencia y desasistida como hija que echaba de menos a su madre, entregada ésta a su carrera y a su público enfervorizado. Los últimos años de la actriz en Paris revelan el aislamiento que la actriz deseaba pese a que Maria la cuidaba in extremis, cuando ya Dietrich no podía ejercer su mando sobre los que la rodeaban. La hija respetó el deseo de soledad de la madre aunque esta soledad supusiera abandono, decrepitud y obsesivo retiro y vejez. Maria, hija, olvidó su labor de hija que acompaña hasta el último momento a la madre, esté o no demenciada. Es labor de hija acompañar hasta el último aliento a quien te dio la vida; Maria, quizá, quiso en los últimos momentos y pese a que resulte algo duro reconocerlo, vengar su soledad adolescente privando de la ayuda entregada a la madre, quizá demenciada, en la última etapa de aislamiento y decrepitud.


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